domingo, 7 de diciembre de 2014

Love mee-Yamajima-Two-shot



Titulo- Love mee
Genero- ¿eso importa?
Parejas-  Yamajima, Daichii
Extension- Two-shot
Autora- Hitomy-chan (Yue-chan)
Nota-  Holaaaa!!!! Alguien me recuerda? No? Soy la Hitomy y si sigo viva!!!!! Les traigo algo nuevo recién salido del horno.
Bueno esta idea surgió  hace ya mucho mas no lograba hacer del todo que la trama se aclarara así que lo inicie de poco y mientras mas lo escribía mas ideas surgían. Al principio la idea era otra pero conforme avanzaba fui realizando algunos cambios y ajustes y quedo así, es la primera vez que escribo un fic de este tipo, así que espero sea de su agrado.

No siempre se puede tener todo en la vida, él lo sabia, desde muy pequeño careció de sentimientos, emociones, ser educado fuera de la sociedad, vivir para seguir las reglas, ser firme ante todo, no llorar, no desmoronarse, ser débil estaba prohibido, los sentimientos eran para los débiles, vivir para un solo propósito, una meta, los sueños no eran reales, no existían , por que en su vida, si a eso se le llamaba vida, las personas con sueños solo eran ignorantes a la verdadera sociedad, el solo existía para seguir reglas, obedecer, negarse, oponerse a su futuro, era considerado como traición.
Yamada Ryosuke, no era cualquier chico, no era normal, el no era un adolecente común, ante los ojos de cualquier persona el solo había nacido para matar y servir, parecía simple, respirar para intentar sobrevivir, mirar pero sin expresar emoción alguna, el solo era un sirviente mas entre un puñado  de gente rica, personas aburridas de sus vidas lujosas donde matar se había vuelto un nuevo habito entre las sociedad, pero para poder servir se necesitaba tener un amo, alguien a quien obedecer.

Su fría mirada se mantenía fija al piso, las fuertes voces, las risas, el golpeteo de un mantillo de madera, indicaba el inicio de la tan famosa subasta donde el único afán era vender adolecentes, cual entrenados eran desde muy pequeños para servir y asesinar sin piedad, el mejor postor se llevaría a un buen sirviente el cual cumpliría cualquier orden sin negarse.
Mujeres elegantes, con vestidos brillantes y caros, hombres bien vestidos reinaban aquella elegante habitación, mesas repletas de copas y licores de la mas fina marca, el humo a tabaco y distintas mezclas de fragancias invadían el lugar.
-la subasta ha comenzado-hablo un hombre alto y delgado, golpeando con aquel mazo el estrado donde parecía ser todo un perfecto escenario de la corte.

El silencio reino, la mirada de todos se enfoco en aquel sujeto, un reflector enorme estaba situado tras esa persona mostrando diferentes imágenes donde el único objetico era mostrar dichas imágenes para sus clientes, cuales interesados estaban ya al ver a cada uno de los jóvenes que aparecían en aquella pantalla, risas codiciosas, miradas enfermizas y deseosas de acabar con cualquier signo de aburrimiento en sus vidas estaban fijas ya en cada pequeño, buscando el juguete perfecto, el cual serviría para tan monótona vida de lujos y dinero mal ávido.
-recuerden que cada jovencito ha sido educado para obedecer, ninguno podrá oponerse… cumplirán cada uno de sus mas oscuros deseos…-hablo una mujer rubia de delgada figura y maquillaje exagerado, con joyas brillantes cual diamantes hermosos eran.
Algunos murmullos se hicieron escuchar al captar ya la atención de más de un postor, las imágenes siguieron mostrándose en aquel reflector hasta detenerse justo donde la foto de un joven castaño hacia acto de presencia, con un kimono colorido donde las flores de cerezo parecía cobrar vida en esa fina y blanca piel, labios tan rojos como la sangre misma,  y esa mirada carente de emociones, y fue justo ahí donde la verdadera subasta dio inicio, los gritos comenzaron a escucharse en aquel salón, y ambos jueces se miraron con complicidad.
-ofrezco 1 millón de dólares por él-hablo una mujer de postura elegante, enormes ojos color miel, vestido rojo cual moldeaba a la perfección su cuerpo estructural.
-8 millones de dólares-le siguió un  hombre calvo ya mayor pero con una terrible reputación al tener la extraña costumbre de torturar a sus sirvientes.
Cada grito era una gran cantidad de dinero nombrado y en cuestión de segundos aquel lugar se convirtió en un campo de batalla donde solo el mejor tendría la última palabra.
-100 millones de dólares en efectivo-se escucho una profunda voz, los presentes miraron en la dirección de donde había provenido aquella voz.
En lo mas recóndito de aquella habitación un joven alto, de perfecta cabellera azabache, mirada tan profunda como el océano, labios rosas y de perfecta vestimenta se mantenía sentado en completo silencio, solo escuchando el parloteo de cada postor, descanso su mentón sobre las palmas de sus manos, y sus suaves labios  formaron una sonrisa que radiaba maldad.
-¿aun no es suficiente?-pregunto al ver la imagen de aquel castaño chico.
El fuerte golpeteo del martillo se hizo escuchar finalizando así esa subasta, miradas llenas de rencor se posaron en la delgada figura de aquel extraño adolecente, no era la primera vez que lo veían, pero nunca hablaba, jamás había comprado nada, pero en esta noche algo o mejor dicho alguien tenia su completa atención.
-vendido al joven Nakajima Yuto, puede usted reclamar su tan preciado premio una vez se hayan echo las negociones necesarias-la mujer rubia hablo, pero el pelinegro la ignoro por completo, se puso de pie tomando su abrigo saliendo así de aquel lugar, pronto los gritos volvieron a reinar ante un nuevo juguete pero el solo fue donde lo esperaba el que seria a partir de ese día su nuevo pasatiempo.
En alguna parte de aquel edificio, se encontraba un pequeño chico sentado en una elegante sala de color tinto, su mirada se mantenía fija en la taza de te, cual yacía en la mesa de centro, sus manos se posaron sobre sus rodillas y solo observo por segundos las figura de dos sujetos parados un lado de la puerta, todo era silencio, mas eso no le incomodaba en lo absoluto, aquellos tipos de gafas obscuras le miraron solo fugazmente, la puerta se abrió dando paso a 5 personas totalmente desconocidas para él, pero no mostro emoción alguna, no hasta ver la ultima presencia entrar.
-su pequeño juguete esta en perfectas condiciones Joven Nakajima, puede disponer de el ahora mismo si así lo desea-comento una mujer mirando al castaño el cual se mantuvo en completo silencio.
-eso veo…-murmuro el chico que respondió al apellido Nakajima, se acerco hasta situarse frente al menor tomándolo por el mentón logrando así ver su perfecto rostro.
-a sido un placer hacer negocioso con usted-el resto de los presentes se marcho de aquella habitación dejando ambos chicos solos.
-así que te llamas Ryosuke ¿o me equivoco?-el nombrado movió ligeramente su cabeza en negación, mirando a cualquier parte todo menos al azabache.
-a partir de hoy tu serás mi sirviente, y no podrás negarte a ninguna orden
-como usted ordene Nakajima-sama…
...-
Una delgada figura bajo las sabanas, la ventisca fría que se adentraba vacilante al interior de aquella habitación, el sonido casi silente de las hojas chocar conforme el aire las acariciaba, un libro cual yacía sobre un escritorio sus hojas bailaron al tacto del viento, una pequeña mano  fría pero marcada por el color carmesí tocaron las sabanas que cubrían al chico que parecía dormir manchando así al simple tacto.
-Nakajima-Kun-palabras suaves salieron de aquellos labios rojos, provocando que el durmiente chico abriese los ojos, primero solo un segundo pues le fastidiaba ser despertado en la madrugada, giro de lado dándole la espalda aquella persona, quizás si le ignoraba se iría y le dejaría dormir, pero no funciono puesto que aquella persona había tenido la osadía de tocarle el hombro, sus ojos negros cuyas perlas profundas eran se abrieron de golpe, llevo su mano izquierda bajo la almohada tomado con éxito la pequeña daga que yacía bajo esta y en un rápido movimiento se reincorporo girando para ver al intruso colocando así aquel filoso objeto en la yugular.
-tienes agallas…-miro fugazmente en dirección de la ventana notándola abierta, elevo su ceja izquierda ahora viendo aquella persona descubriendo así a su atacante.
-Siempre he tenido el valor para entrar por tu ventana-habla un chico al pasar saliva manteniendo sus ojos negros en la mano que sujetaba aquella daga.
Yuto retiro su mano, dejando nuevamente su arma bajo la almohada, sin dejar de ver aquel chico.
-Keito, ¿Cómo has entrado?-pregunto sin cambiar la intensa mirada.
El nombrado solo se encogió de hombros y señalo tras de si logrando que el pelinegro notara la sangre que salía de la palma de su mano, Okamoto al  describir la mirada de interrogación del menor le hizo reír con malicia.
-no es importante, fue al escalar-Yuto lo tomo por la muñeca para ver mejor aquel corte acerco sus labios aquella herida para lamer un poco.
-siempre tan imprudente Keito.

El filo de su espada manchada de sangre, la luz de luna ilumino su figura de entre la penumbra, lamio el filo de la espada coloreando su rostro esa sonrisa de satisfacción, su rostro se encontraba literalmente salpicado de sangre, pero eso no fue de total importancia, pues su mirada se centro en quien en ese momento es su oponente, empuño su espada dispuesto a dar fi aquel enfrentamiento, su rival se puso de pie, tembloroso, afianzando la espada que usaría para atacarle, no supo si verle en tal estado de terror podría resultarle divertido, por que bueno, el solo conocía la palabra “obedecer”.
Su espada parecía brillar por la iluminación nocturna, su mirada vacía, carente de compasión, penetrante, profunda, se acerco lento sin perder cada reacción o movimiento de su enemigo.
-si te acercas, no dudare en acabar con tu patética existencia-se limito a ignorar aquellas palabras insignificantes, la luna fue cubierta por las nubes y ambas armas chocaron una con otra, el sonido del mental hacia eco en el jardín, y pronto solo uno quedo en pie. Aquel chico cayo casi sin vida, su arma quedo lejos de su cuerpo cual ensangrentado estaba, él solo lo observo sufrir, tratando de mantenerse con vida pero le había cortado la yugular, alzo su espada dispuesto acabar con el sufrimiento de aquel chico, la sangre salpico su vestimenta, el Yukata que su amo le obsequio estaba totalmente desecho, se limpio con su pulgar la sangre del labio donde antes un golpe había recibido, el trabajo estaba echo, le dio la espalda aquel cadáver y se marcho del lugar, pronto vendrían a limpiar el lugar, ahora solo quería darse un baño. Se disculparía con su amo al encontrarse en mejores condiciones.


Salió de su habitación, la noche  anterior tras aquella  visita nocturna de Okamoto le había servido de distracción, se aflojo el nudo de su corbata al bajar las escaleras, pero para su sorpresa la presencia de su casi arma se arrodillo antes que bajara por completo, lo vio dejar la espada sobre su regazo al inclinarse, bajó el ultimo escalón y se acuclillo tomándolo del mentón con su índice y pulgar, Ryosuke le miro sin emoción alguna, sus labios se entre-abrieron pero Nakajima acaricio el corte visible de esa mejilla.
-no importa, te comprare un nuevo Yukata-susurro al acercarse un poco tomando con sus palmas esas mejillas de piel nívea, su sirviente asintió no evitando aquella cercanía de sus rostros.
-seré mas cuidadoso la próxima vez Nakajima-sama.
Yuto dejo escapar un suspiro, pues no solo era esa herida, el labio del mayor lucia hinchado y un corte presente en la esquina de los mismos, Keito observaba aquello desde arriba sin bajar aun, el comportamiento de Yuto con aquel esclavo era diferente, se mostraba cálido y atento. Yuto acaricio con su índice la esquina del labio eso no le gustaba, su hermoso sirviente con esos golpes, no toleraba eso.
-vayamos a tratar esas heridas.
-no crees que eres demasiado amable-Keito se atrevió hablar bajando ya las escaleras, Yuto se reincorporo girando para ver al de cabello negro-es solo un esclavo, no sirven para otra cosa, solo míralo, en solo un cadáver, puesto que ninguna emoción se muestra en el iris de su mirar.
Yuto frunció el entrecejo del solo escuchar aquellos comentarios, Ryosuke solo volvió a inclinarse sin ver a ninguno, Keito se acerco tomándolo por el cabello he hizo que le viese, sonrío secarronamente, el castaño no se quejo de aquello, no tenia permitido hacerlo, Nakajima tomo a Keito del brazo apretando con fuerza y basto con que mirase a Okamoto para que este soltara al chico.
-¿sientes amor por esa basura?
-no vuelvas a tocar algo que me pertenece, ahora lárgate.

¿Desde cuando ese sirviente se ha vuelto tan importante para él?, Ryosuke no era básicamente algo que fuese usado y luego desechado al aburrirse del, al contrario era más mucho mas importante, aquellas subastas jamás han sido su costumbre pero entonces ¿Cómo termino metido en una de ellas?, su familia poseía el suficiente dinero para pagarle uno de los mejores asesinos pero todos ellos fallaron al buscar protegerlo, los Yakuza podía  considerarse los mejores asesinos pero él siendo el futuro heredero de tan impotente dinastía debía ser protegido ante todo. Cansado de cada fracasado que intento cuidarle en una de sus tantas noches con Okamoto este le conto sobre dichas subastas, donde el principal objetivo era vender jóvenes asesinos, el ser humano puede poseer tantos defectos y uno de ellos es la curiosidad, Keito le explico todo lo referente aquello, a donde ir, como poder entrar, mientras mas millonario fueras mas posibilidades habían de salir de ahí con vida llevando si acaso un juguete.
-.y fue Ryosuke quien llamó mi atención de todos los chicos.
Aquella noche no esperaba salir tan librado de aquello, la mayoría de los presentes en aquel salón estaban interesados en ese chico pero al final del debate fue el quien termino comprado a ese chico, que mas parecido a un arma este lucía como un pobre niño, tan inocente pero la mirada vacía en esas orbes almendradas mostraban cuan cruel fue su vida.
-.”Entrenado, educado, para no sufrir, no llorar, no sentir pero mas que nada, solo sirven para asesinar y complacer”.-
Eso le habían dicho antes de poder llevarse consigo a Ryosuke, no iba a negar que al principio solo iba usarlo como otra herramienta mas un juguete que con el pasar del tiempo podría desechar mas fue todo lo contrario, su perfecta arma cumplió cada orden sin quejarse nunca mostro piedad o misericordia al asesinar manteniéndolo con vida, su compra no había sido en vano después de todo, abrió los ojos tras sentir una presencia dentro de su habitación, apoyando el peso sobre sus codos busco entre la oscuridad, en la penumbra a su ya común visitante nocturno pero solo fue el viento vacilante entrando por su ventana ¿hasta cuando usaría a Ryosuke como su arma?

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Lamio su labio de forma lasciva tocándolo seguidamente con su pulgar retirando la sangre no mostrando algún signo de dolor su espada yacía a unos metros de donde el había caído lo suficiente lejos como para no poder tomarla, su brazo sangraba ante un corte echo por parte de su ahora rival aun no comprendía del todo la situación esa persona realmente iba a osar romper una orden de su amo, su kimono azul revestido ahora por la sangre lucia mucho más bello para su gusto, por que el rojo es el color de la vida, sonrió de manera de aterradora de una forma tan perversa que el otro chico pareció temblar de miedo ante su sola presencia.
-.lo traidores como tu merecen morir.-susurro sacando un puñal bajo la manga del Yukata acercándose tan velozmente ignorante a toda herida.
-.solo acaba con su miserable existencia Yuri-aquella orden dada no paso desapercibida para él y como si fuese una hoja guiada por el viento termino por acabar con todo temor de aquel chico, en este mundo no existía la compasión eso lo había aprendiendo desde su niñez, admiro aquel cuerpo con tanta devoción sin perder por ningún momento como la vida abandonaba esos ojos tan negros los mismo que una vez le habían mirado con tanto amor. Quedando en su memoria solo su despedida “en otra vida yo seré quien te salve de tu dolor”
-.lo has hecho muy bien mi pequeño juguete, en esta vida el amor es considerado la peor traición, has logrado que este nuevamente orgulloso de ti-se arrodillo ante la presencia de su amo mirando el suelo con un semblante sombrío.
-es un honor cumplir cada una de sus ordenes Arioka-sama.-
Daiki se retiro de aquel lugar con una gran sonrisa, contento de que su nuevo juguete le fuese tan útil, Yuri es su perfecto asesino no estaba arrepentido de haber ido a esas famosas subastas, por fin tenia el arma perfecta para acabar con el clan Nakajima y al hacerlo tendría control total de las calles de Tokio los Arioka lograrían por fin ser los verdaderos Yakuza con Yuri a su lado nada podría fallar el clan Nakajima caería solo debía matar a ese baboso de Yuto eliminarlo no iba ser tan complicado.
Chinen se mantuvo sentado junto al lado de aquel cadáver mirando el triste y vacio mirar de esos ojos sin vida, acaricio en un tacto dócil la mejilla cual percibiendo aun el calor y fue entonces cuando por fin logro suavizar su inexpresiva mirada, no permitiéndose llorar, nadie absolutamente nadie sabría de su pesar, del dolor que en ese mismo momento experimento cuando le hubo arrebatado la vida a quien le enseño amar, sus manos estaban manchadas y no habría manera de que alguien tan sucio como el fuese capaz de merecer el perdón.
-.Yuya.-pronuncio con tanta debilidad el nombre de esa persona y solo una lagrima de su ojos izquierdo salió con libertad, cerro los ojos de aquel chico y se marcho de aquel lugar púes pronto los sirvientes de Arioka limpiarían aquella terrorífica escena llevando consigo la espada del mayor tanto como la propia.


Tomo su maletín dispuesto a irse al colegio, la mañana estaba fría así que abrigo su cuello con una bufanda al igual que con una gabardina larga, Ryosuke se encontraba sentado en un rincón de la cocina esperando a que el menor terminara su desayuno su mirada estuvo fija en el piso, solo hasta que Nakajima estuvo situado frente del, alzo el rostro para verle teniendo un parche en su mejilla ante un descuido durante un enfrentamiento, sus manos tenían pequeños cortes cuales parecía no sanar nunca, nuevamente su amo le había obsequiado un nuevo Yukata rojo con flores de durazno cuales revestían mejor el atuendo.
-te he dicho que puedes estar a mi lado durante cada comida, eso significa que quiero que te sientes conmigo y me hagas compañía-Yuto bufo de sus palabras ante la mirada triste que le dedico Ryosuke se inclino lo suficiente para así tomarlo del mentón admirando ese perfecto rostro y no dudo en acercarse, el era libre de hacer lo que quisiera con su juguete pero llevaba tiempo ya en que lo miraba de manera distinta, el castaño entre-cerro los ojos cuando la cercanía de sus rostros se volvía mínima sin tener ningún atrevimiento en tocar al menor, pues ante todo, el estaba demasiado manchado de sangre como para tener permitido poner una mano sobre su amo, él solo existía para ser utilizado pero la forma en que los labios de Yuto tocaron los suyos robándole el aliento con aquella manera de moverse sobre los propios, era la primera vez que su amo hacia semejante atrevimiento, quizás esta vez Yuto lo usaría como un objeto sexual mas no fue así.
-.Ryosuke, vayamos a tratar tus heridas.-se reincorporo al ser tomado por la muñeca dejándose llevar por su amo yendo solo un paso tras este quedando tras ellos el maletín del menor subiendo las escaleras he ir a la segunda planta de aquella enorme mansión, llevaba siendo el sirviente de Yuto alrededor de seis meses y todo ese periodo solo había sido usado como un guardián, cuidando el bienestar del futuro heredero del clan Yakuza y en ese tiempo solo descubrió una extraña sensación cada que Nakajima estaba cerca mas no lograba entender del todo eso, nadie podía tocarlo aun por mas herido que resultara en cada pelea solo su amo podía tocarlo y cuando alguien desobedecía al heredero recibían algún castigo.
“Ryosuke me pertenece, nadie debe tocar lo que es mío”
Y nuevamente se encontraba en la habitación del menor sobre su cama mientras este se dedicaba solo a curar sus heridas, recibiendo de ves en cuando algún beso por parte del menor, los cuales le provocaban esa sensación dentro suyo la cual no le desagradaba por mas extraña que esta fuera, le consideraba esos besos su mas preciado premio por cuidar bien de su tan amable amo.

Continuara……..