domingo, 12 de junio de 2016

I miss you - yamajima

El tic - tac del reloj hacía eco en la recamara y él por más que buscaba distracción tomó lo primero que encontró ; un pequeño oso color marrón, un lazo alrededor del cuello color rojizo y estaba un pequeño detalle que aumentó la soledad en esa momento, ese muñeco de felpa abrazaba un corazón cual tenía grabadas dos iniciales.

— Yuto.

El nombre del chico que en algún momento de su vida fue importante, un pelinegro alto, de piel suave y ojos negros con rasgos de príncipe; su indice acarició la primera inicial trayendo consigo un pequeño recuerdo.

||| flash |||

— Tú y yo... Siempre estaremos juntos Ryo. Es una promesa. - El pelinegro sostuvo el rostro del que en ese momento pasaba de ser su mejor amigo a convertirse en su novio. — No te dejaré ir. - El tacto de los pulgares del chico acariciando su piel le causaron esa revolución en su abdomen, y no hubo palabras, a cambio recibió un tierno he inocente beso, sellando así la promesa de su inocente amor.

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— Yuto Nakajima. -

Había pasado ya un año en que ambos habían terminado, aún recordaba con claridad el momento de la ruptura; para Yamada aquello resultó en un duro golpe para su corazón, y aún ahora la herida se mantenía tan viva, matándole con lentitud , un dolor tortuoso. Incluso su propia habitación le atormentaba toda ella llena de memorias, muchos momentos compartidos, difíciles de olvidar.
Aún cuando ambos se encontraron en ocasiones, ninguno fue capaz de dirigirse la palabra, él por orgullo y Nakajima, bueno solo el tenía la respuesta del porque siempre le ignoro hasta la fecha.

— y aún así te atreviste a decir que yo era lo más importante. -

La ironía del fracaso, el tan abatido dolor que no se esfuma, las lágrimas, incluso perdió la cuenta de cuantas veces lloró por aquel chico, justo como volvía hacerlo, sus amigos se alejaron todos ellos fueron punto y aparte, se mantuvo encerrado en su casa por tanto tiempo que incluso salir resultaba algo asombroso para sus padres.
Nakajima Yuto, aún le atormentaba.

Pero Ryosuke era consiente que llorar no le haría volver, ya un año era una exageración para seguir con aquello. Pero ¿como olvidar a quien recién volvío a mirar?. Justo cuando quiso afrontar todo justo ese día, Nakajima tuvo la osadía de cruzarse en su camino, y ahí estaba llorando nuevamente encerrado en la habitación, abrazado aquel peluche, su único y fiel compañero.

Yuto estaba más cambiado, incluso vestía más elegante como todo un ídolo, y como siempre le ignoro y el estaba como todo un idiota extrañandole a más no poder.
quizá él era un masoquista, porque atesoraba cada obsequio que le dio el menor, inclusive aún llevaba aquel anillo de su supuesto " juntos para siempre " Yuto seguramente ya ni siquiera recordaba los momentos que juntos pasaron, lo más probable era eso. Que él para Nakajima Yuto, ya no era nada, ni siquiera una partícula, el no existía para aquel chico.

Si mal no recordaba, Yuto estaba acompañado por alguien, en aquel momento de su encuentro Yamada pareció ver a una persona junto al chico.

— Una mujer. -

La  ironía apareció en la sonrisa que  coloreo  sus labios, y se sintió mucho más idiota, todo un completo estúpido, ¿porque era tan difícil olvidar?  Observó aquel anillo que parecía brillar justo en su dedo anular, y pareció que su corazón se rompió por segunda vez en esa ocasión.
La opresión en su corazón le impedía el respirar con normalidad, Nakajima se convirtió en un dolor insuperable para su existencia, anhelaba poder odiarle por que eso era lo que el bastardo de Yuto merecía; sin embargo eso no ocurría, si no más bien todo lo contrario. Amaba a ese imbécil con cada célula de su ser, aún poseía la esperanza de que ese chico le iría a buscar en algún momento.

— soy patético. 

Y vaya que lo era, las gotas saladas seguían cayendo una tras otras resbalando por esos pómulos suyos tan regordetes que rojizos estaban. A duras penas se reincorporó de la cama donde llevaba horas quizás llorando por aquel pelinegro que ajeno a su existencia desconocía el como se encontraba el castaño.

— Yuto. Seguro me atormentara tu recuerdo, por el resto de mi vida.

Con desgano salió de su recamara y bajando las escaleras se dispuso a buscar algo dulce que comer que ayudará a eliminar ese sabor amargo que en su boca tenía, solo dio unos cuantos pasos rumbo a la cocina cuando el timbre en la puerta se hizo escuchar, resonando cual eco en aquella casa que solitaria estaba.
Yamada se mantuvo de pie dirigiendo la mirada aquella dirección donde el ruido insistente del timbre parecía no parar. Él no estaba con ánimos de recibir visitas en ese día, su cara era un fiasco al igual que su persona pero la persona detrás de aquel pedazo de madera no parecía tener indicios de querer irse o darse por vencido.
Resopló con enojo y tal vez una pizca de molestia, sea quien fuera, tenía mucho valor para interrumpir el sufrimiento ajeno, esperaba que en algún momento se cansara y se marchará más el insistente sonido comenzó a volverse todo un fastidio y así con una expresión de completo enfado se dio camino abrir la puerta y grata fue su sorpresa, ahí estaba, justo como en tantos sueños lo vio, lucía cansado podía notarlo por la manera en que el chico respiraba he inclusive lograba escucharle al tomar una bocanada de aire, algunas gotitas de sudor se aventuraban en bajar por el cuello y rostro de aquella persona.

Y se quedó estupefacto sin saber como reaccionar, su mano aun sostenía el picaporte y sus piernas temblaron, no de miedo sí no mas bien por la sorpresa y estaba seguro que en su rostro se había plasmado el evidente signo del asombro.

— Ryosuke.

Y ese simple llamado fue el detonante de miles de emociones y sensaciones en su ser. Trastabillo un poco hacía atrás dando una negación con su cabeza sin lograr si quiera el poder emitir una palabra o sonido, aquel chico de cabello oscuro le miro con desden y odio esa mirada que bien atravesaba cada parte de su ser. Era como si logrará ver hasta el más profundo secreto y tuvo miedo. Las preguntas comenzaron a rondar por su cabeza una tras otras.
¿Que hacía él aquí?  ¿Por qué volvía?  ¿Acaso quería causar más dolor?  Y Ryosuke tembló, el pánico se vio reflejado en su mirada y quiso correr darle la espalda y huir pero Nakajima fue más astuto mucho más veloz.
Los largos y delegados brazos le envolvieron por la espalda aprisionando su cuerpo en un fuerte abrazo y la fuerza abandonó su cuerpo.

— Lo siento. Ryo

El susurro en su oreja y ese aliento que golpeaba su piel, el aroma a cigarrillo mezclado con la fragancia de Yuto, la manera en que era preso de ese chico. Ya no tendría escapatoria.— Perdón por todo.

Yamada no mostró algún indicio de decir o hacer algo, solo estaba ahí con la cabeza gacha mirando un punto fijo en el piso apretando con tanta impotencia sus puños logrando que sus nudillos se tornaron blancos, el aliento de Yuto dio contra su oreja golpeando tras esta provocando que su cuerpo reaccionará, un escalofrío recorriendo su espina dorsal yendo hacía arriba hasta terminar en su nuca. Ninguno de los dos pronunció o dijo algo durante un lapso de tiempo. Los delgados brazos del pelinegro se ceñian a las perfección en la cintura del castaño volviéndose así todo un depredador; Ryosuke se mordió el labio inferior con fuerza logrando que se tornará color rojizo

— Sueltame.

Nakajima se opuso aquel mandato, dando una negación, y el enojo aumento en el chico bajo que no tardó en moverse con brusquedad intentando apartar esos brazos y cuando se vio libre le encaró solo que esta vez fue su puño que terminó por estrellarse contra la mejilla del chico.

— Eres un maldito descarado.

Yuto se toco la zona del impacto percibiendo el dolor, algo tibio iba bajando por un costado de su labio más no la tomó atención, esperaba eso desde hacía tiempo él sabía que lo merecía, y seguramente recibió más golpes solo que esta vez más débiles uno tras otro todos ellos siendo acumulados en su pecho y la inestable voz de Yamada se dejaba escuchar por toda la casa, y pudo saberlo desde el primer golpe, que el castaño lloraba pero no iba a detenerle recibiría cualquier golpe y maldición por parte de ese chico hasta que el otro estuviera satisfecho. Y fue solo cuestión de tiempo para que la fuerza se esfumara del cuerpo ajeno.

— ¿por qué...  Por qué volviste?. -

Y una gran sonrisa de satisfacción apareció en sus labios, sintió los pequeños brazos alrededor de su cintura y la frente de Ryosuke apoyada en su pecho, aun lograba escuchar ese llanto pero prefirió no responder, no aun; a cambio de eso dirigió su mano izquierda al rostro de ese chico y tomándole de la barbilla le hizo verle dedicándole solo una cálida mirada y pudo notarlo. Ese hermoso brillo en esas perfectas perlas de color almendra, Yamada paso saliva con dificultad y cerró sus ojos esperando por lo que fuese que Nakajima tuviera pensado hacer.

— Lamento, haberme ido de tu lado.

Y él creyó que todo terminaría ahí, pero solo percibió el aliento del otro dando contra su rostro, primero un beso en la frente, seguidamente de otro en su nariz y pasando a sus mejillas, uno más en su mentón y el roce de sus labios se hizo presente.

— ¿no es otro sueño?  ¿Verdad?

Esperando por una respuesta que nunca llegó se perdió en esa perfecta unión de sus bocas, esa hermosa sincronización encajando cual piezas de rompecabezas y ese sabor a menta que que tanto había necesitado.  Se encontró pronto siendo preso del cuerpo ajeno muy pegado al suyo y su espalda contra la pared; la inquietud de preguntar aun más, el querer algunas respuestas por parte del alto se fueron esfumado conforme la ropa terminaba en el piso. Sus manos se volvían un lío queriendo deshacerse de cada prenda que el otro vestía y algunos suspiros y sonidos nada decentes salían de su boca, el frío que anteriormente atormentaba su alma se esfumó teniendo a cambio ese calor, la pasión que solo Nakajima lograba despertar en el, los hábiles labios que  recorrian su cuerpo descendían más allá, más abajo algunas mordidas, succionese que bien dejaban marcas en su ser, Sus dedos que se perdían entre las hebras de color habano tirando de algunos mechones, constante repetía el nombre de su ahora amante, que travieso se encargaba de jugar con su sexo, tomándolo por completo con su boca envolviendole con esa caliente y placentera sensación, gimoteo con descaro y moviendo sus caderas busco profanar esa cavidad bucal guiando con sus manos los movimientos de Nakajima; para ese punto su sentido común estaba perdido entre la lujuria del momento y su esencia escapó con un muy fuerte jadeo de su parte, echó la cabeza hacía atrás ganándose un golpe debido a la pared pero poca atención le tomó, no tuvo tiempo de salir de su ensoñación cuando fue prácticamente alzado por aquel alto chico y sus piernas rodearon las caderas ajenas, sosteniéndose de los hombros le dedicó una traviesa sonrisa que fue interrumpida por el profundo beso de Nakajima que sin prepararle se introdujo dentro con una fuerte embestida y no espero aprobación alguna comenzando a moverse con fuerza, con necesidad y él no pudo quejarse o protestar pues la lengua húmeda y tibia invadía su cavidad.

La noción del tiempo se perdío y no supo como pasó ni en que momento llegaron a la sala pero el ya estaba sobre uno de los sofás con Yuto sobre el moviéndose constante en su interior, invadiendole con fuertes y certeros movimientos golpeando tan hondo cada vez más profundo, dando en ocasiones en su próstata y su boca no paraba de repetir ese nombre que a ese grado no era más un desconocido en aquel lugar, sus uñas habían dejado un rastro por la espalda del alto que ahora mismo le miraba ante cada penetración, grabando en su mente cada expresión de ese castaño.
Ryosuke dirigió su mano derecha al rostro del pelinegro apartando de su frente algunos mechones de cabello que húmedos estaban, dejando después una caricia en su mejilla, Yuto inclinó la cabeza al lado de donde recibía esa atención cerrando los ojos procurando disfrutar más del calor que esa tibia mano le proporcionó. El momento del clímax se acercaba y Yamada lo sabía por la forma en que su interior se contraia volviendo aquel intruso en todo un prisionero los gemidos se agudizaron más mucho más fuerte de lo normal, algunas gotitas saladas adornaban sus cuerpos danzantes que bien parecían brillar y el choque de esa pelvis le volvía loco y pronto todo pareció esfumarse, no supo más de nada ni de nadie la cálida esencia le lleno por completo convirtiendo cualquier cosa en nada solo era el y ese placenteros y perfecto orgasmo.

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Entre finas sábanas blancas el chico se removió de un lado a otro buscando el poder dormir si quiera un poco más unos brazos le mantuvieron tranquilo y reconoció ese aroma con tanta facilidad.
— Yuto...
— shh.. No digas nada y dejame dormir un poco más así.

Ryosuke abrió los ojos contemplando entonces aquel rostro adormilado muy cerca del suyo los labios de Nakajima tocaban su frente y prefirió mantenerse callado un poco más hasta que el otro le diera al menos una mínima explicación de todo o de algo.

— basta con decirte que te amo y que estoy contigo ahora y no iré a ningún otro lado. Lo demás solo sale sobrando. - Yuto le pego aun más a su cuerpo trazando un camino de caricias por toda la espina dorsal y la tensión disminuyó en el cuerpo ajeno.
— Aun diciendo eso. No te lo haré tan fácil, debes pagar por todo el dolor que provocaste en mi.-

Y con ese comentario Ryosuke dio finalizada esa conversación, acunando su sueño en ese tibio pecho conservando una fina sonrisa en sus labios.

– Te extrañé Ryo. Lo hice todo el tiempo.

Y bastó con ese susurro amoroso para que todo lo demás dejará de importar, fue suficiente con esos besos he inquietantes caricias para hacerle confiar, se entregaría nuevamente y dejaría el resto en ese chico,  se dejaría marcar nuevamente y si en algún momento Yuto se llegará a ir, comprendería que no todo es eterno y que para ser feliz solo se necesita tener una pizca de dolor en la vida.